COMUCAP (Honduras) – Asociación Cooperación y Desarrollo Integral de Comunidades Rurales (Guatemala)

La Asociación para la Cooperación y el Desarrollo Integral de Comunidades Rurales en Guatemala compartió el diseño de deshidratadores solares artesanales con COMUCAP, una asociación de mujeres rurales en Marcala, Honduras. La construcción sencilla y de bajo costo de los deshidratadores les permitió a las mujeres hondureñas utilizar recursos que de otra forma serían desechos, elaborar nuevos productos y generar mayores ingresos.
Las mujeres de COMUCAP también se beneficiaron del conocimiento y solidaridad de una organización de agricultura orgánica de Costa Rica que les compartió instrucciones sobre la producción de lombricompost. COMUCAP luego informó que pudieron construir 200 cajas y comenzar a producir abono orgánico con la ayuda que recibieron a través de la Red.

Cooperativa ACOTEJERA (El Salvador) – Proyecto de tejas Asociación Nacional de Recicladores (Colombia)

  Inspiradas por la experiencia de las mujeres de ACOTEJERA (una cooperativa de 5 grupos de mujeres salvadoreñas que producen tejas de micro-concreto), un grupo de 14 mujeres en Colombia han progresado de tener un ingreso de US$2.50 al día, trabajando en condiciones difíciles y peligrosas en la recolecta de desechos en Bogotá, a ser dueñas y operadoras de su propio negocio de tejas.
  Con la ayuda de la Asociación Nacional de Recicladores, las mujeres pudieron hacer un contrato con el Instituto Nacional de la Vivienda para proveer tejas para un gran proyecto de vivienda. Con un adelanto que recibieron para el contrato, las mujeres fueron capaces de conseguir la capacitación, equipo e insumos que necesitaban para cumplir con el contrato y establecer su negocio.
 

Asociación de Mujeres Negras (Ecuador) – Asesora microfinanciera (Perú)

 

Cuando el Capítulo de Esmeraldas de la Coordinadora de Mujeres Negras recibió una donación de $300 de un grupo de estudiantes visitantes, ellas decidieron utilizarlo para iniciar un banco comunal con el fin de proveer crédito a las socias para desarrollar microempresas productivas. En ese momento, la mayoría de las mujeres trabajaba como lavanderas y empleadas domésticas con un salario de alrededor de $30 al mes. Ellas contactaron organizaciones microfinancieras en Ecuador solicitando información sobre el procedimiento para poner en funcionamiento un banco comunal, pero nadie pudo ayudarles. Sin estar seguras de cómo proceder, pero determinadas a llegar a su meta, buscaron información en el internet sobre bancos comunales y encontraron un artículo en el boletín de la Red de Mujeres para el Desarrollo sobre el tema del microcrédito. Escribieron entonces al Equipo Coordinador de la Red contando sobre sus esfuerzos infructuosos para conseguir información y consejos sobre cómo iniciar un banco comunal y preguntaron si en la Red podrían conseguir este apoyo.


El Equipo Coordinador hizo el enlace entre ellas y una afiliada de la Red quien trabaja con una organización microfinanciera en Perú. Ella les facilitó toda la información y consejos que necesitaban y en solo 6 meses las mujeres de Esmeraldas realizaron su primer préstamo de su nuevo “Banco Progresivo”. El préstamo le permitió al grupo de “Mujeres Negras para el Progreso” conseguir los permisos necesarios y montar un puesto de comidas. Desde entonces, la Asociación ha establecido 6 bancos comunales con una membresía total de 195 mujeres.

 

Beatriz Delgado (asesora de grupos artesanales en Bolivia) – Hilda Valenzka (promotora de grupos de mujeres, Perú)

 

Beatriz Delgado (asesora de grupos de artesanos en Bolivia) e Hilda Valenzka (promotora de grupos de mujeres en Juliaca, Peru), quienes se conocieron a través de la Red, organizaron un intercambio en el que Hilda pudo compartir su experiencia con la implementación de bancos comunales para capacitar y motivar a los artesanos bolivianos a iniciar un proyecto igual para aumentar su acceso a micro créditos y fortalecer su organización. En sus propias palabras, Beatriz e Hilda cuentan sobre el espíritu y éxito de este intercambio.

 

Hilda: “Bueno, se llevó a cabo la capacitación, los días 20 en la tarde y 21 en la mañana del mes de diciembre. Yo tuve que viajar 16 horas para llegar a Cochabamba (desde Perú).


La conversación con los artesanos fue muy buena, estuvieron muy interesados en la experiencia. Se aclararon todas las dudas y vimos juntos que es posible implementar un proyecto que fortalece la organización, crea valores humanos en los socios, y ofrece medios para crecer sin necesidad de aprovecharse de las más grandes necesidades de los socios.


Al comienzo hubo una cierta incredulidad de que fuera posible, pero poco a poco respondieron sus preguntas, y al finalizar el conversatorio agradecían mucho a la Red por compartir esta experiencia. Al día siguiente conversamos ya la parte técnica con los responsables y el directorio. Ellos dijeron que muchas veces pensaron implementar un proyecto de bancos comunales pero no sabían cómo hacerlo, y quién iba a decirles que era tan fácil. Se concluyó la reunión con la promesa de que implementarán los bancos comunales utilizando la experiencia nuestra. Yo estuve muy contenta con la aprobación. Creo que fue una oportunidad para confirmar mi teoría: que las personas con pocos recursos y sin mucha capacitación pueden llevar adelante un proyecto de bancos comunales.”

Beatriz: “Entre tratándonos de comunicar con Hilda y entre la misma organización acá todo un jolgorio, y ya cuando confirmamos con nuestra linda amiga del Perú, le dijimos que nos veíamos en Cochabamba. Éste es otro departamento que está a 8 horas de viaje de La Paz, y mira nuestra Hilda sin conocer se echó a la aventura.

Lo único que le dejé como mensaje era mi número de celular, y luego no tuvimos nada de comunicación…Y bueno, dijimos “a la de Dios” y yo decía con Roxana, asesora de los grupos artesanales: confió mucho en Hilda, ella es una señora muy muy responsable, ella vendrá. Por lo tanto se le puso en el programa durante el domingo y lunes. Hilda tenía que llegar el sábado ya a las 10 de la noche, y pasaron las horas e Hilda no llegaba. Resignadas con Roxana nos fuimos a dormir. A las doce de la noche, luego de una hora suena mi celular y quién crees, Hilda en la terminal de Cochabamba. Y bueno, la fuimos a recoger y nos contaba todas las penurias que había pasado, la pobre, porque imagina, ella no conocía La Paz y menos Cochabamba, pero bueno, ya estaba con nosotras.

Al día siguiente, pues inició su réplica de la experiencia, con todos los asistentes a este evento. Y no sabes, fue tan bueno, que todos conforme al desarrollo de la experiencia decíamos ¡¡guau!! ¿y cómo se logró todo ello? Y cómo es que las mujeres se empoderan de este proceso. Y l@s artesan@s decían que es una experiencia muy sencilla, sin burocracia y comentaron sus necesidades a las que Hilda les respondía. Y bueno todo, lo que me gusta de ella es que no escatima recursos, es decir no es nada egoísta porque nos dio toda su receta, y de lo más sencilla, y así se generaron muchas cosas… Los dirigentes de la RED OEPAIC asombradísimos. Yo los miraba y ni siquiera sentían cansancio, yo observaba y querían saber más todos, hasta el refrigerio se sirvió en sus sillas porque querían seguirla escuchando a Hilda.

El tiempo se fue entre exposición y preguntas. Al día siguiente muy tempranito volvimos a iniciar la exposición, y en esta oportunidad Hilda nos dio el paso a paso para la implementación de un banco comunal. Luego de ello y antes de terminar, todos los participantes le agradecieron no sólo por esta linda experiencia que ella pudo efectuar en su organización, sino por la calidez humana y el desprendimiento que ella tenía con ellos, y tod@s te cuento tod@s se quedaron satisfechos y felices.